Leo en Bluesky a una persona enfadada con la intención que le atribuye a la forma en que el País titula noticias y columnas. La reacción me plantea una serie de cosas relacionadas con la fiabilidad: ¿de qué nos podemos fiar en lo informativo? ¿qué valor tiene el subtexto de la información?
Que la verdad es la primera víctima en una guerra es ya un lugar común, y como una campaña electoral es una guerra, la conclusión es clara. Estamos muy acostumbrados también a los medios de comunicación abiertamente de parte, "la caverna", "la fachosfera". Pero hasta hoy nunca me había parado a pensar en la importancia comunicativa que tienen todas esas cosas que, en conjunto, se llaman "subtexto", el tono, el lenguaje, lo sobreentendido, etc. Qué unas noticias y les de más peso y otro lo haga de otra forma lo tenía más en el radar. La idea de que además, hay un subtexto que puede cargar enormemente el valor emocional de la pieza no lo tenía incorporado, por obvio que resulte. Lo peligroso además, es que ese subtexto puede modularse hasta extremos de sutileza muy finos, lo que dificulta particularmente la lectura crítica.Afortunadamente, la sutileza de la escritura es un arte que cada periodista cultiva a su manera, de una forma fundamentalmente inconsciente, y que no creo que sea fácil de someter a criterios editoriales masivos. Habrá pues textos que tiren hacia el optimismo, el pesimismo, la agresividad, la rabia, la tranquilidad o lo que sea de forma más o menos casual. O eso quiero creer, porque bastante difícil es ya el intento de mantenerse mínimamente informado sin caer en adoctrinamientos extremos como para andarse con las sutilizas del subtexto.

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