jueves, 27 de julio de 2017

Comunicación mediada

Esta mañana me he cruzado con una persona que grababa un mensaje de audio, probablemente de whatsapp. ¿Por qué un mensaje de voz y no una llamada? Cualquiera sabe en ese caso, pero el hecho es que es una tendencia general: cada vez hablamos menos por teléfono. Tan es así que cuando suena te sobresaltas pensando que ha ocurrido algo malo.

A medida que se han ido sucediendo las posibilidades tecnológicas también lo han hecho los usos y costumbres, a menudo en contra de lo previsto por los diseñadores. Yo me incorporé a esta carrera con los teléfonos domésticos, analógicos, en los que se marcaba con una ruleta que hoy es ya de museo (literalmente). Frases de entonces eran: "llama después de la 8 que es más barato" y "no te enrolles, que el teléfono es para dar un recado y ya". Llamar era caro, y si te ibas al extranjero ya ni te digo. Con 15 años me mandaron un mes a Inglaterra y solo hablé con mis padres una vez. A pesar de ello los adolescentes teníamos tendencia a reiterar llamadas al mejor amigo (o a la pareja en caso de tener una). "¿Otra vez hablando con Gonzalo? pero si os pasáis el día juntos en el cole ¿qué tendréis que contaros?". Y más o menos así durante décadas.

Ya de muy mayor llegó el primer teléfono móvil. Y era exactamente eso: un teléfono que se podía mover. En su fase de introducción fueron un símbolo de estatus, pero en seguida se generalizaron y tener uno ya no era importante, el postureo pasó al modelo concreto que se tenía (fase que sigue hasta hoy). Como solo se podía llamar así era la comunicación, por eso sonaban en cualquier parte y resultaba incómodo en mucha situaciones. Aquellos teléfonos con una pantalla de texto mínima permitían unos mensajes cortos, los SMS. Aquello empezó a distorsionar la forma de comunicarse. Para un recado ya no hacía falta llamar, te dejo el mensaje y ya lo leerás cuando te venga bien. Y lo que empezó como un servicio complementario, poco menos que marginal, acabó con la parte del león. Cada vez se mandaban más mensajes y se hablaba menos. Y así 20 años (en su 20 aniversario se extrañaban de que dejara de crecer), hasta que los teléfonos se vuelven "smart", incorporan conexiones de datos y sobre la internet a la que se accede con esos datos aparecen sistemas de mensajería más potentes, como el whatsapp.
 

Y con el whatsapp (lo mismo vale para Telegram u otros) empiezan a generarse nuevas costumbres soportadas por las potencialidades tecnológicas que no tenían los sistemas anteriores: (i) Los grupos (ii) los grupos absurdos (iii) los grupos de desconocidos, reinventando el messenger, (iv) El envío de fotos (v) el envío de la ubicación (vi) el envío de mensajes de audio como recados autocontenidos, reinventando el SMS (ahora hablado) y (vii) la conversación fraccionada en mensajes de audio.

Todo esto ha ocurrido en pocos años. Whatsapp nace en 2009, aún no tiene 10 años y le ha dado tiempo a  pasar de los mil millones de usuarios, a cambiar de dueños... y a cambiar las formas de comunicación. Seguro que hay comunicólogos y sociólogos estudiando estos temas formalmente, pero como una tesis doctoral no dura menos de 3 años, la realidad se llevará por delante muchos de esos estudios.

Aquí estamos, pasado el 25 aniversario del primer SMS (que fue el 3 de enero de 2017) que acabó con ella y hemos recuperado la conversación como forma de comunicación, solo que ahora en vez de ser en tiempo real consiste en una sucesión de mensajes de audio. Así cada uno se puede tomar su tiempo para escuchar y pensar su respuesta. Ojalá se gane en profundidad todo lo que se pierde en frescura.
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