Alguien nos ha robado el futuro. Nos han convencido de que lo que vendrá es inevitable. Solo hay un porvenir sobre el que, como mucho, podemos variar ligeramente los tiempos. Las pensiones se acabarán, la sanidad pública irá necesariamente a peor, las ayudas a la dependencia, el subsidio de desempleo, todo eso es vino y rosas de un tiempo en que vivimos por encima de nuestras posibilidades y la realidad se impone necesariamente. Y como no puede ser de otra forma, ese porvenir lo acompañarán gobiernos duros e intransigentes, personas ocupadas en cosas importantes que no pueden andarse con esas mamarrachadas del género fluido o el bienestar animal. Y para evitarnos sufrimientos con veleidades imposibles nos limitarán el tipo de cultura que consumir, censurando libros y películas. Cualquiera que haya estudiado un poco de economía y se quite absurdas vendas ideológicas de la mirada no puede sino reconocer que sólo el mercado es realmente capaz de distribuir los escasos recursos de forma razonable.
Ante ese porvenir inevitable unos decretos temporales de emergencia retrasan algunas cosas, unos gobiernos frágiles ralentizan el proceso. Pero no nos engañemos, el porvenir, como su propio nombre indica, vendrá.
¿Pero estamos locos o qué?
Lo que no ha ocurrido se construye. El futuro es un elemento plástico que depende de nuestras acciones. No hay ningún porvenir escrito en piedra, hay un futuro que construir. Los avances tecnológicos han aumentado la productividad de una forma brutal, inimaginable para nuestros antepasados. Hasta nuestros bisabuelos ninguna sociedad pudo soñar que sus miembros se dedicaran muy mayoritariamente, casi en exclusiva durante milenios, a producir alimentos que servía justo para subsistir. Todo el tiempo ganado al hambre se ha repartido de una forma desigual... No, no se dice así, lo hemos repartido de forma desigual, porque no es un accidente de la naturaleza, es algo construido por personas, como ese futuro que no nos deberíamos dejar arrebatar tan fácilmente.
Sin duda hay recursos más que suficientes para que podamos pagar médicos que nos atiendan cuando lo necesitemos, y podemos almacenar para la vejez. Lo humano es ser amable y respetuoso con las diferencias de las personas. ¿Cómo va a ser un lujo impagable la igualdad?
Eso sí, para recuperar el futuro hay que descongelar las posibilidades de cambio. Quizá lo que es insostenible es una contribución tan poco equitativa al bien común. Quizá el porvenir inexcusable es un sistema impositivo que recupere la progresividad que tuvo, por que la tuvo, en la primera mitad del siglo XX.
El marco inamovible en el que se juega el futuro es un planeta que se calienta y una humanidad que parece cansada de reproducirse (con unos descensos espectaculares de la tasa de natalidad a nivel global). Pero también tenemos unas tecnologías muy poderosas para jugar la partida. Pero el primer paso para jugarla es creerse capaz y no rendir el ánimo a esa mierda de porvenir que nos colocan como inevitable, por intensa que sea la campaña mediática por tele, radio y redes.

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