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martes, 13 de octubre de 2026

La última frontera (diario de campaña, día 8)

La internacional me dice que se llama ese himno tradicional ¿no? No hay más preguntas señoría.

Esa broma resume el oxímoron, al menos aparente, de la “izquierda patriótica”. Izquierda y patria son dos palabras que van mal juntas, tanto que en esta parte del mundo lo de la patria se enuncia siempre en euskera, izquierda abertzale, denominación a la que ya nos hemos acostumbrado.

En los valores tradicionales de la izquierda está la horizontalidad, una fraternidad que no entiende de más diferencias que las de “clase”. Aunque sea un concepto con olor a naftalina y de dudosa vigencia, sin duda refleja algo muy diferente a la verticalidad, que se lo digan al sindicalismo franquista.

Y aquí nos encontramos con señores que a veces parecería que quieren encarnar el significado de su apellido, confundiendo el orden de prioridades entre el valor político y el patriótico. Al final, tarde y mal, se impuso la patria, como siempre, dejando detrás el  avispero que haga falta.

Si hay una frontera difícil de salvar en los esfuerzos unitarios es la del alcance territorial, especialmente cunado se le confiere ese valor casi sagrado de la “patria”. 
 
Eso es un aprendizaje importante dado que quedan años de necesaria convivencia entre lo “indepe” y lo “confederal”. Lo de intentar salvar la cara individual con una pantomima de unión con la fuerza demoscópicamente más irrelevante y con más visibilidad mediática no merece más comentario. Los regates en corto, por más mala leche que generen, se acaban en sí mismos. 
 
 
 Viñeta de Manuel Fontdevilla en el Diario.es hoy tomada de aquí

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